
Estas últimas semanas no han deparado muchas noticias cerveceras interesantes, o al menos no han llegado a mis manos. Pero de entre todos los artículos que he leído uno publicado en La Vanguardia ha llamado mi atención. Según reza el artículo: "La mayoría de las terrazas de la Rambla sólo sirven a sus clientes bebidas en jarras de medio litro". Posteriormente se explica que al pedir una cerveza en una de las terrazas el tamaño mínimo que te servirán será el de medio litro, no pudiendo degustar una simple caña.
Al parecer se ha extendido la práctica de servir la bebida únicamente en formatos grandes en esta zona de Barcelona. Los empresarios comentan que la inmensa mayoría de sus clientes son extranjeros que debido al calor prefieren consumir jarras de medio o de un litro. De mayor poder adquisitivo, los consumidores norteamericanos, finlandeses, alemanes o ingleses no consideran caro que medio litro llegue a costar de 6,50 a 8 euros pues están acostumbrados a precios más altos. También se excusan en que un alquiler en esta zona puede llegar a los 27.000 euros mensuales y tienen que amortizarlos.
Esta situación está provocando que los españoles no acudan a La Rambla, huyendo de unos precios desorbitados. Incluso algunos camareros reconocen advertir a los consumidores nacionales que los precios son muy altos.
En mi humilde opinión, el consumismo desbocado produce este tipo de situaciones disparatadas. Es la ley de la oferta y la demanda en estado puro, si el ayuntamiento limita el número de mesas y los precios de los alquileres se disparan, es lógico que los empresarios aumenten sus precio. Mientras hayan turistas dispuestos a pagar barbaridades por la bebida habrá empresarios dispuestos a cobrárselas, y los propietarios de los locales sabrán que pueden exigir mayores cantidades.
No entraré en el juego de la oferta y la demanda y el libre mercado ni mostraré mi opinión al respecto. Al mejorar la movilidad entre países hay zonas turísticas que se sobrecargan de población y los más pudientes acaban por copar los recursos limitados. Los alemanes tienen más dinero que yo y podrán pagar más por lo mismo, lo que hará que el empresario prefiera servirles a ellos.
Lo que sí que no me parece de recibo es que se me obligue a consumir en un formato que yo no deseo. Que enmascaren la subida de precios indicándome que se ofrece mayor cantidad, y que me ofrecen mayor cantidad porque casi todo el mundo lo prefiere así no termina de parecerme una buena idea. Señores, si yo pido una caña es porque quiero una caña.